Y ellos se van…

03/12/2009

Que los amigos que se quedan no se sientan menos queridos… Pero este es un post para aquellos que se van – o ya se fueron – y que de poquito van haciendo agujeros en mi corazón.

Extranjeros siempre están con extranjeros… y un día ellos vuelven a sus países o para sus nuevos hogares elegidos. En un año que estuve acá, compartí departamento solamente con extranjeros (o prácticamente esto), tuve que me despedir de todos y pronto de una más. Cuando se esta lejos de su familia, de sus amigos de infancia, cada persona que entra en su vida gana la responsabilidad de ocupar estos espacios – amigos de Cuiabá… no se enojen… please – y relaciones de intimidad se potencializan en una velocidad que yo creo que no pasaría igual en otras situaciones.

En cambio, de todos los extranjeros yo creo ser la que más tuvo necesidad de sacar este carácter de fase de paso. Bueeeno… Por un rato, yo viví como se estuviera en universo paralelo – ni en Cuiabá, ni en Baires –, quizás justo por tener miedo de cuan efímero podrían ser las cosas acá. Pero… prácticamente desde que llegue, siempre viví en la misma casa, me fui a la misma biblioteca, al mismo bar, a la misma plaza… Y como era de se esperar, intente hacer lo mismo con la gente que conocía. Todos que me caían bien, intentaba guardar, preservar en mi mundito. Preservar y ser la mejor amiga que mi sencilla condición de humana permitía ser – no es por falta de intentar… juro.

En este un año, aunque intenté dejar escondido alguna parte de mi para que el vacío cuando ellos tuvieran que partir no se pudiera sentir en todas las partes, hubo aquellos que a travesaran el muro y yo me revele por completo. Era obvio que esto iba pasar con algunos. Luego que llegue, compartí departamento con Paulo y Daniel que yo ya conocía de Cuiabá (Daniel… desde que yo tenía 15 años). No puedo decir que nunca hubo conflictos, pero creo que nuestra amistad supo superar todas las increíbles peleas de “vos no lavaste los platos”.

Igual, en el tercero día que llegue conocí a Diana. Yo todavía no hablaba NADA en castellano, y el destino puso esta colombianinha que hablaba portugués y pronto me invito a ver un concierto de música brasileña. Aunque no estaba preparada para la crise de nostalgia que esto iba causarme, tuve la chance de ser presentada a Jaime y Ivan (fue en este día que nos conocimos, Jaime! ¬¬), otras personas fantásticas que me ayudaran un montón sin ni saber cual era la onda de esta brasilera. En fin, los atrapé en mi vida y no quise más que se fueran.

Después vino Catalina… con quien desdichadamente, el tiempo en que compartimos departamento fue finalizado de manera, como decir… complicada. Pero, igual en los meses en que estuvimos cerca, fuimos grandes amigas – de verdad. Ojalá pudiera haberla conocido en otras circunstancias.

El tema es que el ecosistema hogar, vivir en la misma casa, ver la misma gente con ojos de sueño, intensifica estas relaciones y nos hace esperar más de estos compañeros… así como quererlos más cuando todo sale bien. En estos términos conocí la francesa. Annabiiiiill desnudista llegó ya con una fecha de partida para muy pronto y yo rápido pensé: “sin grandes acercamientos, dale Patrícia?” Pero no fue así. Cuando vi, ya la había dejado pasar a la desorden de mi cuarto, a la desorden de mi vida… a mi mundo de rutina casi metódica y un tanto cuanto aburrido. Y en demasiado pocos meses ella era MI-A-MI-GA. Mi compañera de FUC, de programas cinéfilos, de visita a los vecinos, y de… ¿Qué se yo? Alguien que yo solo deseaba que tuviera la mejor estadía en Baires, para entonces ser más una de las personas que yo quería muchísimo pero que tardará mucho para que vea nuevamente.

En este un año en tierras porteñas, me despedí de Paulo y después Daniel, que han vuelto a Cuiabá… Jaime recién subió a un avión y esta en Colombia, lo mismo creo que ya paso con Catalina. Ivan es lo próximo, y ya tengo una prévia de cómo será cuando sea la vez de Daina Patrisha en la mitad del año que viene. En un ratito será la francesa… Tantas despedidas sacó un poco de mi equilibrio emocional – que lo diga Dra Ruth – y a cada día me hace reflexionar a cerca de mis elecciones acá, ¿debo o no crear gran intimidad con estas personas que si o si tendré que manejar sus ausencias? Ni que sea porque yo fue la que se marchó…

*Yo triste

*Jaime yendo para leeeejos

El hecho es que hasta ahora, mi conclusión fue: aunque me duela MUCHO decir adiós, los momentos buenos que pasé con estos amigos (y por supuesto con los que se quedan también) es lo que hace valer a pena estar en Buenos Aires. Y si yo no fui la mejor amiga que podría ser con ustedes, pido más millones de perdones mis queridos… pero nunca duden… yo los quiero demasiado. Ustedes siempre estarán en mi memoria de estos felices-tristes-locos-años en Buenos Aires.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: